sábado 18 de abril de 2009

Odiosas e inevitables comparaciones

Lo hemos visto una vez más, Cristina y otros presidentes de la región viven obsesionados mirando hacia atrás buscando respuestas en un tiempo que no vuelve más y del cual, en lugar de capitalizar errores, siguen extrayendo odios y rencores. Ellos buscan una justificación al sufrimiento de nuestros pueblos y un culpable al que achacárselo, realmente no es más que una hipocresía con la cual postergamos las decisiones que sabemos son necesarias para subirnos al tren de la nueva civilización que empieza a gestarse

A Obama no le gusta hablar por hablar; nuestra presidenta no para, eso sí, evitando interlocutores que hagan preguntas para las cuales no tiene respuestas. Obama se expresa tranquila y amablemente, Cristina, igual que una madrastra de las de los cuentos, nos grita y nos reta porque somos “chicos malos”.

Las comparaciones son odiosas y uno no puede decir que este hermoso presidente negro va a poder cumplir con lo que se propone, pero tampoco puede evitar desear un gobernante educado y amoroso que no renuncia a la firmeza para tomar decisiones.

Como muchos argentinos, me siento agobiado de tener un presidente y una presidenta que están más ocupados por restaurar los derechos humanos de quienes han muerto hace décadas e ignoran a los pueblos originarios de Salta que hoy se quedan sin su forma de vida ancestral por que unos pocos llenos de codicia pretenden no dejar un monte en pié; o porque unos fascinerosos que imponen mano dura porque traen plata dulce para nuestra corrupta dirigencia, les quitan sus tierras para plantar soja e intoxicarnos a todos con el glifosato. Ni hablar de lo ridículo que es aceptar que en un país donde se produce para trescientos millones, no puedan comer cuarenta y cinco.

Por supuesto que Obama representa el cambio, tal vez la transcición, y también tiene que convivir con lacras que adhieren a esta visión del mundo y están dispuestos a inventar una guerra para defender el status quo, pero su amor por los animales o la huerta orgánica en la Casa Blanca son un mensaje que muchos podemos interpretar. Obama intenta poner la crisis ambiental en el tapete, en Argentina a veces parece que a nadie le importa el tema.

Mientras que Obama procura tender puentes con “enemigos” históricos como Irán o Cuba, puertas adentro el matrimonio presidencial le ha declarado una guerra a los productores que, con defectos y virtudes, son gente de trabajo que bien podrían servir de inspiración para los millones de piqueteros condenados a la miseria y el sufrimiento a cambio de uno espejitos de colores que valen los votos para sostener “el modelo”. Mientras unos proponen enfrentamientos gratuitos, mantenemos la esperanza porque otros proponen escucha, diálogo y apertura al consenso.

En Estados Unidos, la noche oscura y tormentosa que propuso Bush parece acabar, incluso en las relaciones internacionales parece suavizarse la crispación; en Argentina aún no.

Pablo de la Iglesia

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* Pablo de la Iglesia es coordinador político de la Coalición Cívica de Chajarí (Entre Ríos)

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