Los argentinos hemos perdido el sentimiento de pertenencia a un proyecto común y la interacción social entre importantes sectores de la sociedad se ha visto alterada al punto de volverse violenta en muchos casos; en un país normal existen tensiones internas razonables en lo que refiere a la defensa de los intereses, sin embargo cuando el tono de esa tensión se eleva por encima de lo aceptable, se corren demasiados riesgos institucionales y la paz colectiva se pone en jaque.
La responsabilidad política sobresaliente para el tiempo que llega, y esto incluye a todas las fuerzas representativas y grupos de interés, es buscar un proyecto de país que razonablemente nos incluya a todos.
No olvidemos que para encender un polvorín hace falta una chispa. En tal sentido, siento que nadie debe sentirse ajeno a esta responsabilidad y cada uno de nosotros debe volverse cuidadoso con la palabra y con los actos que nos representen, aún en los escenarios alejados del centro de la escena política.
Es hora de honrar y respetar a la democracia; tremendo error es seguir transitando este camino, plagado de conflictos evitables, dándola por supuesta.
Pablo de la Iglesia
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