por Pablo de la Iglesia (coalicioncivicachajari@yahoo.com.ar)
Coalición Cívica / Unión Por Todos
Chajarí - Entre Ríos
Tres crisis de alcance mundial se conjugan para pintar un panorama sombrío en los años inmediatos: crisis financiera, crisis energética y crisis alimentaria.
El panorama en Argentina podría ser favorable, permitiendo al país una situación relativamente desahogada y con posibilidad de ayudar a otros a paliar las consecuencias que, a esta altura, parecen inevitables. Lamentablemente, como no podía ser de otra manera, parece que nuestra conciencia colectiva, por alguna razón que algún “psicoterapeuta de estado” tendrá que analizar, nos vuelve adictos a las crisis recurrentes; en razón de ello, sin entender porqué, los argentinos nos encontramos ante una cuarta crisis política que, en honor a la madurez de la ciudadanía, no nos ha puesto unos contra otros en forma violenta.
Como ciudadano me encuentro agobiado por la incertidumbre que se prolonga. A título de ser realista, jamás me pinté que los tiempos que se avecinan iban a ser fáciles; aún en el mejor de los escenarios, la crisis mundial, de una u otra manera, nos va a tocar y uno termina aceptándolo.
Sin embargo cada día me levanto con la expectativa de ver que derecho civil se va a limitar o que principio constitucional se va a violar al son del himno nacional; o como la seguridad jurídica de las empresas y productores va a ser afectada y con ello la posibilidad de seguir creando empleos o riqueza; duele también ver cuando un recurso natural es entregado groseramente, socavando la dignidad de nuestra soberanía a niveles inaceptables.
Un día más se va hablar de la dignidad de los pobres. Al tratar de entender que significa eso para el partido oficialista, me encuentro que no se trata de ayudarlos a salir de la pobreza brindándoles movilidad social; más bien se trata de articular políticas de estado que trunquen al pobre en su condición, “dignificándolo” con un subsidio miserable, una atención especial de algún puntero premiando la lealtad o un paseo a Buenos Aires para asistir a un acto del matrimonio presidencial.
Y me pregunto impotente cuando llegará el día en que dignidad para los pobres se conjugue con un ingreso universal a la niñez y la vejez, hospitales públicos decentes, educación gratuita de calidad, justicia eficiente y accesible para todos, seguridad garantizada, servicios públicos adecuados y democracia realmente participativa.
Puede que el pobre muy pobre, se conforme con la noche porque nunca asistió a un amanecer; pero hay un día luminoso más allá de la mentira que tenemos obligación de mostrarles para que recuperen el impulso de los que sueñan una vida mejor y reclamen lo que les pertenece por derecho de nacimiento en una nación libre y soberana.
Hoy nos encontramos paralizados en torno al debate de las retenciones y siento que más allá de quien es el dueño de la verdad -la cual es siempre relativa-, hay mucho más en juego. Ningún gobernante tiene razón cuando no dice la verdad y ningún argumento del gobierno, sobre las retensiones o cualquier otra cosa, me resulta aceptable a esta altura; esto simplemente se debe a que el discurso está edificado sobre la mentira, la prepotencia, la antinomia, la sordera, la entrega, el populismo y la traición a la patria… y uno termina pensando que son culpables hasta que demuestren su inocencia, en una suerte de síndrome del pastorcito mentiroso, que de ninguna manera alimenta nuestra salud social que debe basarse ante todo en la confianza en las instituciones y sus representantes.
A eso hemos llegado y creo que mi sentir es el de muchos ciudadanos. A lo largo de los años de democracia he coincidido y he disentido con nuestras autoridades, pero jamás he sentido tanto descrédito por los actos de un gobierno, deseando darme cuenta que se trata de un sueño del cual voy a despertar; cuando me doy cuenta que no es un sueño, no encuentro otra salida que esperar el paso del tiempo que transcurre hasta el 2011 orando para que sea con el mínimo desazón y pronto, con la esperanza que llegue el momento de liberarnos de esta cruz.
Esto es demasiado veneno aún para un pueblo manso, sin embargo la conciencia de los ciudadanos de a pié debe estar dirigida a garantizar la paz; no podemos callar la injusticia pero debemos remarcar nuestra indignación en un estricto marco de no violencia. Perder de vista este camino puede ser desastroso; mantenernos firmes en el, alimenta la fe de un pueblo maduro que sabe que, antes o después, el gobierno tendrá que acompañarlo.
Paciencia, tolerancia y esperanza son signos que deben calificar a la verdadera inteligencia.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada